CRÍTICA CURSI A LA CONCEPCIÓN
DEL AMOR ACTUAL
-¿Alguna vez has visto el amor?
-Claro que lo he visto… el amor es el mayor placer, te da felicidad sin límites si eres correspondido, te cubre a besos, cualquier estupidez te hace sentir afortunado, el amor te hace levantar cada mañana de buen humor, el amor es sexo, sexo desenfrenado, sexo sin límites, el amor consiste en esa sensación especial cuando vuestras pieles se rozan, el amor es disfrutar de la sorpresa que le regalas a tu amado más que un presente propio, el amor consiste en observar sus ojos, en no poder separarse, y que cada minuto con esa persona sea un suspiro y eterno al mismo tiempo.
-No, tú no sabes qué es el amor, ese es el enamoramiento juvenil. Si, eso es el principio de las buenas relaciones. Pero eso no basta para sostenerse. Cuando te enamoras de alguien… cada palabra que dice lo es todo, y cuando esa persona no está hablando, lo que dicen el resto se convierte en una banda sonora en un idioma desconocido. Enamorarse consiste en que te embebes de cada uno de sus gestos, te enamoras de su lenguaje corporal, podrías rememorar mentalmente cada paso, cada costumbre, la forma que tiene de frotarse los ojos, su forma de fruncir el ceño al amanecer malhumoradamente, enumerar cada tipo de sonrisa que tiene. Una cálida y agradable, otra maliciosa y enigmática, otra traviesa, otra dulce, otra de carcajada. Y más aquella que te tiene dedicada solo a ti, esa que va acompañada de unos ojos que brillan y, solo cuando tienes suerte, de un ligero rubor. Sus mejillas enrojecen con algún atrevimiento tuyo. ¿Qué más puedes desear que hacer feliz a esa persona? Si cada vez que consigues entrever una sonrisa el resto del mundo desaparece y deja de existir. Si cada vez que os tocáis el mundo resplandece y da un vuelco tras otro, con acariciarle la mano todo lo demás pierde su sentido. Con un beso, parece que el centro de gravedad se desplaza hasta encontrarse en su boca. Y que me dices del sudor de vuestros dos cuerpos desnudos, esa tenue luz de primer amanecer por la ventana que refleja en su cuerpo desnudo, el sonido que hace al girarse con la sábana parece el más hechizante del mundo. La cara que pone al despertar, ligeramente malhumorada, los ojos sufridores de la noche anterior, el cuerpo exhausto de muchas horas. Amanece y el despertador te da los buenos días, te despiertas del sueño como iluminado por el placer, más feliz cada mañana que un niño el día de Navidad esperando sus regalos. Solo que tú nunca te cansarás del tuyo. Como un adolescente despertando la mañana de su graduación. Como cualquiera en su primer día de vacaciones. Pero eso todas las mañanas. Era curioso como eres feliz tan solo con imaginarte dónde estará esa persona, qué estará haciendo… te la imaginas respirando, durmiendo, fantaseando contigo, vistiéndose, haciendo el desayuno, bromeando, bailando…
Entonces es cuando harías cualquier locura que se te pasase por la cabeza. Ya estáis juntos, parece que no vives de comida y agua sino de sus besos y caricias, su voz te levanta el ánimo y te provoca un fuerte cosquilleo en el estómago. Cualquier discusión se arregla con caricias y cualquier problema con un beso y una sorpresa en el momento adecuado. Parece que no necesitas nada más, que solo con eso estás preparada para enfrentarte al mundo y poder con todo. Es cuando pierdes la cabeza del todo. Si, desde fuera es fácil observar “no te quiere, te ha puesto los cuernos mil veces” o “nunca cumple las promesas que hace”, es fácil ver qué una relación no está bien, o que es imposible cuando está muy lejos, que no tiene posibilidad de futuro. Es divertido demostrar como si, si que se puede contra todo pronóstico. ¿Qué algo no va bien? Luchas por solucionarlo hasta dejarte los dientes, las manos y la vida en el intento. Sientes que te vas a comer el mundo y que nadie siente lo que tú sientes. Es la época de empezar a hacerte promesas imposibles… “siempre”, “te protegeré todas las noches”, “no nos separará la distancia”, “no volveremos a discutir”… En ese momento pareces capaz de traerle la luna y las estrellas, es más, se lo pides “déjame llevarte a la Luna y las estrellas”. Pero está claro que no puedes, que es una imposibilidad física, y que en el momento la otra persona tampoco te pide que lo hagas, pero sueña que lo haces. Resulta que al final, la realidad es lo que es y no puedes. Y todo parece perder sentido. Los problemas se quitan la máscara y resultan ser problemas, las discusiones no se pueden callar siempre con un beso cuando no desaparecen con eso, el orgullo hablo y calló el amor y uno a otro se dice un millón de cosas un millón de veces, siempre sin solución, testarudo como es el ser humano.
De repente, el espíritu consumista del que todos estamos envueltos explota… todo lo que nos rodea nos dice que no tenemos por qué estar con un amor que no funciona… que el amor de nuestra vida está en algún lado: con él no habrá problemas, lo sabrás nada más mirarle por primera vez a los ojos, os gustarán las mismas cosas, querréis lo mismo en la vida, todo serán fuegos artificiales y todos os envidiarán. Porque todo será perfecto. Eso es lo que nos dice el entorno, y por tanto, nos dice también lo contrapuesto: un amor que está herido, que tiene problemas, que no funciona por la causa que sea… no es perfecto, no funcionará nunca, no se debe luchar por él. Porque claro, si el otro comete un error grave, es suficiente para dejarlo, eso está clarísimo ¿no? Nosotros nunca cometemos errores y seguro que si se arrepiente es solo una forma de mantener la relación, seguro que nunca cambiará. Las personas nunca cambian en el fondo, hay que buscar la persona perfecta, porque existe, seguro que en alguna parte, lejos pero cerca, hay un montón de personas perfectas listas para ser encontradas. Y seguro que hay una concretamente que te está esperando a ti, sentada, amándote eternamente sin conocerte aún. Otros dirán lo contrario, las relaciones largas no funcionan, al principio todo brilla y cuando deja de brillar es como cuando un móvil o un coche se deteriora: compramos otro, conquistamos otro en nuestro caso. Y, por supuesto, tendrás el apoyo de gran parte de tus seres queridos: “joder, es que mira lo que ha hecho… está claro que no merece estar contigo” o “si ha hecho eso es que no te quiere de verdad” ¿En serio se puede simplificar tanto en las relaciones? ¿En serio hay personas perfectas esperándote en algún lado? ¿En serio un error puede acabar con una relación?
A mí me parece curioso lo estúpidamente que pueden acabar relaciones muy serias: “se ha perdido la magia”, “se complicaban mucho las cosas”… El amor es algo que se debe cultivar todos los días, algo que no puedes elegir pero tampoco es algo mágico que no puedas controlar. Amar es parte del ser humano, está unido a todos los recuerdos agradables que tiene la persona, a su forma de ser, a su aspecto físico, como te hace sentir… un conjunto de incontables variables que son incontrolabes… pero si puedes controlar luchar por ello. Una relación despierta un montón de sentimientos en ti, y mentiría si dijese que todos son agradables pero una relación se diferencia de una enamoramiento en que no depende de lo bien que te hagan sentir… sino de lo que tú aportas. Creo que las relaciones se han banalizado, debería existir un intermedio entre “estar saliendo” y “estar enamorados y a lios” porque los primeros lucharán aunque se les caiga el mundo encima. Y los segundos, cuando una piedrita se le caiga en la cabeza, despertarán, se vestirán y se irán.
Una relación sana y madura es difícil de encontrar. ¿En serio vas a dedicar toda tu vida a estar con una persona? ¿Tú que eres tan tremendamente importante para ti? ¿Cuándo la sociedad te dice que nunca nada es suficiente, que siempre debes aspirar a más… a más caro, a más nuevo y a más bonito? Por supuesto que no, tú lo que harás es disfrutar del enamoramiento presente y cuando caigan piedras, cual economista, te quedarás siempre que los beneficios sean mayores que los costes.
Y así funcionan la mayoría de las relaciones… ¿existe aquello que nos presenta Hollywood? No, en una relación no puedes luchar en el último momento cuando el avión va a despegar y se va muy lejos. En una relación sana, tienes que luchar cada instante por ella, tienes que, por una vez, no pensar antes en lo que tú quieres (y eso es algo que se dice fácil de boquilla pero pocos lo ponen en práctica) sino en lo que es mejor para los dos, tampoco para la otra persona en exclusividad, eso llevaría a una dedicación obsesiva peligrosa… sino ver la relación como una entidad viva, visualízala, una rosa creciendo, que se riega con los buenos momentos y que tendremos que cubrir ante las adversidades… ¿Cuándo tendremos que estar preocupándonos más por ella? Cuando haya dificultades, no vale mirar para otro lado y esperar girarse cuando parezca que haya pasado el mal momento… porque si es una rosa robusta y fuerte, que ha conseguido crecer en el asfalto de una carretera secundaria, cuando nos giremos estará ahí. Estará herida, varios pétalos habrán caído, intentar pegarlos sería ridículo, pero es un nuevo comienzo. Los pétalos volverán a crecer, poco a poco, si los riegas lo bastante. Si no lo haces, si terminas, será como prenderle fuego, quemarlo, darle un fin. Siempre quedan cenizas, y quien sabe si resurgirá de las cenizas como un fénix. Pero nada resurgirá, si no luchas por ello.
Creo, además, que una relación es cíclica y hay que luchar por ella. Al principio todo es muy fácil y necesitas muy poco esfuerzo (menos si te encuentras sembrando en una carretera asfaltada) pero cuanto más avanza la relación… en el fondo más esfuerzo y más cuidados requiere. Pero más crece, más te ensalza, más alto llegas. Es fácil conseguir un montón de flores e ir quemándolas detrás de ti, siempre hay flores que encontrar y que te pueden hacer feliz momentáneamente. No todas las flores están preparas para crecer, algunas nacen enfermas, otras tienen algunas deficiencias que le impiden seguir con vida… otros los jardineros apenas saben como no inundarlas ni destrozarlas… pero si consigues cuidar bien crecerá y cada vez serán mayores las experiencias y mejores, cuanto más alto llegues, todo implicará un mayor esfuerzo, más agua, más ayuda. Pero pronto su tallo se endurecerá y podrás apoyarte en la planta, subir por ella, crecerte como persona, hasta llegar a las estrellas.