Yo no soy yo. Soy apenas una grotesca y patética imitación de baja calidad de mí misma, expuesta al insufrible sol de verano y a las meadas de los perjuicios, que me han descolorado por dentro y por fuera.
Yo no soy yo. Soy todos los estereotipos que la gente ve en mí, y todos los que intento ser y a los que ya he renunciado a soñar. Soy tantas cosas al mismo tiempo...
Soy lo que no se ve en un espejo, esa cárcel invisible de la conciencia. Soy todas las debilidades humanas, incluso aquellas que no tienen nombre. Soy el tumor humano de mí mismo (aquello que crece irremediablemente hacia direcciones insospechadas e indeseables). Soy todos los insultos graznados por borregos. Y por cerdos vestidos con traje que se fuman la empatía y embotan con el humo a los borregos.
Soy esas hojas resecas en los árboles que no aceptan ser cortadas pero que tampoco realizan nada para salvarse ni si adquirir un color más bello estuviese en su mano.
Soy la parte del mueble que no se ve, esa nube de polvo que es invisible a primera vista. Soy la brizna de césped que sobrepasa con la cabeza la longitud por la que corta el cortacésped de la vida.
Soy todos los fracasos, todo aquello que ni has intentado.
Soy esa última hostia en una paliza que mata a la víctima.
Soy todo ese tiempo relativo que has perdido, siglos y siglos de mierda. Acumulados en cualquier parte. Soy la bomba atómica que cruza el cielo, conocedora de su destino, su catastrófico final y de su daño irredimible a inocentes.
Soy esa herida que sangra abundantemente pero que luego no es nada.
Soy esas ganas de golpear a algo. De hacer daño, incluso a sí mismo. Soy ese cosquilleo que sientes en la garganta cuando ahogas un grito de frustración.
Soy todas las cosas que no hiciste.
Soy la verguenza, los buenos propósitos, soy la diéresis olvidada conscientemente por un autor desordenado hasta para los signos ortográficos. Y soy las palabaras bonitas que todo el mundo conoce y dice pero que nadie cumple ni se toma en serio. Esas que han perdido su brillo por su inadecuado e indiscriminado uso.
Soy la hoja de papel manchada con un borrón de tinta tras otro.
Soy ese sonido desconcertante que hacen los ancianos al morir.
Soy ese golpe inesperado, esa penetración forzada. Soy la ausencia del amor en el sexo. Pero también la vinculación del alma con el alma. Soy la conciencia colectiva y esos ojos con conjuntivitis. Soy el dolor que produce mirar directamente hacia le Sol.
Soy la nada y el todo al mismo tiempo.
Soy el momento en el que el suicida espera antes de lanzarse al vacío, cuando ya nada tiene sentido. Y al saltar se da cuenta de que todo lo tiene cuando dejas de buscárselo. Y que nada pueda hundirte más que no ser fiel a ti mismo. Soy lo que sientes al descubrirlo cuando ya no te queda aire para salvarte.
Soy todas las falsas palabras de amor que se dedican los falsos amantes.
Soy la imitación del amor, de la amistad, de la vida.
Soy el fin del mundo que avanza imperturbable.
Soy esas lágrimas de frustración, dolor, tristeza, incluso las de causas desconocidas.
Soy todas las mentiras que se han dicho.
Soy todas las verdades que se han callado.
Soy el silencio incómodo en una habitación oscura llena de desconocidos.
Soy el tropiezo que te hace perder la virginidad. Soy el que se cae en un charco oscuro y no se encuentra al levantarse.
Soy lo intermedio a todo. Ni blanco, ni negro. Ni hombre, ni mujer. Ni bien, ni mal. No estoy ni en un lado ni en otro. Soy tierra de nadie. No existo. Pertenezco a todo y a nada. No. Soy el final abrupto de un texto sin sentido.